Doble Play: navegando pese a las circunstancias

¡CHOCHO!…39 AÑOS DE DOBLE PLAY

Por Edgar Tijerino Mantilla

Cuando nace un programa radial, no hay forma de pronosticar en cuanto tiempo puede crecer y establecerse, qué tan larga será su duración, y si podrá convertirse en algo exitoso o desembocar en un fracaso. Fue Carlos Guadamuz quien en aquel mes de octubre de 1980, me dijo en su despacho de La Voz de Nicaragua: “¡Claro que va a ser un éxito!” Estaba refiriéndose al proyecto del programa Doble Play que le estaba proponiendo, formando combinación con el chavalo Enrique Armas. Sin ninguna planificación, dependiendo de la improvisación, como ha sido casi todo en mi agitada vida, el 2 de enero de 1981, Doble Play estaba al aire por vez primera, en la más poderosa emisora de ese momento. Así que hoy, en Radio Católica y Radio Universidad, más el Canal Católico y las redes sociales, Doble Play llega a 39 años sin interrupción, un récord en este país.

Aplicando la ley de Murphy frente al optimismo sin fronteras de Guadamuz, a quien conocí en mi época de estudiante, cuando él y Lenín Cerna ya habían iniciado y fortalecido una inmensa amistad, finalmente derretida, pensé: nada es tan fácil como parece. Siempre estuve consciente que transitar en la carretera hacia el éxito, exige trabajar las horas extras que sean necesarias sin mostrar flaqueza, manteniendo activado tu espíritu de superación, trazando una estrategia efectiva, siendo lo suficientemente creativo sin sentirte satisfecho, pensando que podías haberlo hecho mejor.

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UN MARATÓN AÚN SIN FINAL

Eso es precisamente lo que le recomendaba tanto a Enrique que trabajó conmigo desde sus inquietos, jubilosos y talentosos 15 años, hasta mis compañeros actuales, René Pineda y Miguel Mendoza, a quienes aprecio como si fueran hijos míos, agradeciendo profundamente su colaboración decidida. Hago lo mismo con Germán García, aún jovencito en plena proyección, en quien confío plenamente como un futuro “as” de la crónica deportiva, y por supuesto con Camilo Velásquez, de enorme ayuda.

Después de 19 años en La Primerísima, gracias a la tolerancia de William Grisby, quien me abrió de par en par las puertas de esa emisora pese a mi forma de pensar como cuestionador del sistema, y de haber estado en Radio Ya, Radio 800 con grandes facilidades y amplio apoyo, y en Radio 580, Doble Play sigue en pie de lucha, aunque eso me obligue a salir de casa cada día excepto los domingos antes de las seis de la mañana. Se que por cumplir 76 años en unas seis semanas, y 50 de haberme iniciado en el periodismo deportivo con algunas ramificaciones, estoy contra el reloj. ¿Aburrido, oxidado, sin ideas? Nada de eso. Doble Play me galvaniza. Sería agradable morir en cabina, pero la vida no es un programa de complacencias.

Hemos trabajado duro, pero placenteramente. Cuando uno hace lo que más le gusta, y además le pagan, y se vincula con la gente todos los días, el estímulo es mayor. Comencé a trabajar en radio en 1970 de la mano de Manuel Espinoza en el Noticiero Extra y llegué a Radio Corporación en 1972, “enganchado” por Fabio Gadea y José Castillo, con la propuesta de una mayor proyección y hasta hacerme cargo de comentarios en las transmisiones de beisbol, pese a mi voz tan rara y tan distorsionada por lo chillona. Al mismo tiempo, inventé Cápsulas Deportivas.

FABIO ME EMPUJA AL RETO

“No es la voz, es lo que digas lo que debe ser interesante. Siendo tan amante de la polémica, creo que te irá bien con nosotros”, argumentó Fabio, haciendo que tomara el nuevo reto. Desde muy temprano me convencí que la clave era no aburrir al oyente, una recomendación hecha en Puerto Rico durante 1973 por Felo Ramírez. Prepararme como lo hace un boxeador sin poder obviar los desvelos, entregándome a estudiar, leer, mantenerme informado, fue para mí un patrón de vida, pero sobre todo, disponer del ánimo y el buen humor, resultó clave para evitar que los oyentes cambiaran el dial. Conocí a muchos en Radio Corporación, entre ellos a Carlos Mejía Godoy y Otto de la Rocha. Ha pasado tanto tiempo y nunca hemos tenido diferencias. Hemos sostenido una amistad bien pavimentada, sin baches.

Lo de Doble Play fue casual. Carlos Guadamuz se dio cuenta que me habían pedido la renuncia en la Dirección del Instituto de Deportes, y mientras empacaba mis cosas pese a que me dijeron esperara 30 días, sonó el teléfono. “Estoy enterado de todo, te espero al término de la distancia para que hablemos. Tengo una idea”, me dijo. Fue así como nació Doble Play. Fijamos la fecha de su inicio, el 2 de enero de 1981. Por cierto que ese día, con 37 años, tomé mi primera cerveza. Ni yo lo creía. Me sentí fatal, pero más adelante fui asimilando el sabor amargo y acostumbro tomarme una a la semana, y con el vaso cargado de hielo.

UN BUEN TRUCO, TRABAJAR SIN PAUSA

En mi Plan A, estaba no hacer pausas, trabajar siempre, aprovechar cuando los otros descansaban. Se trataba de un buen truco y Enrique respondió y se fajó. Así que aún en Semana Santa, en fiestas patrias, en Navidad y Año Nuevo, el programa siempre estaba en el aire, como parte de la agenda diaria de los oyentes. De esa forma, Doble Play comenzó a crecer, logrando mantenerse contra viento y marea. No permitiríamos que otros fueran más tercos que nosotros, ni más dinámicos.

A esta altura, 50 años después de mi primer alarido en radio y 39 en el programa, me pregunto: ¿Cómo pude vivir antes sin Doble Play? No fue como andar por el mundo desnudo y enclenque en busca del futuro, pero a partir de Doble Play, me sentí re-encarnado. Fue como si estuviera ingresando a otra vida, porque por una de esas coincidencias, junto con el inicio del programa, apareció Chilo en la pantalla de mis posibilidades. Ella fue el factor de motivación que tanto necesitaba junto a mi voluntad de querer salir a flote. Es la que me ha ayudado a navegar contra todo tipo de dificultades, como un copiloto excepcional. Ella es la que, de la mejor forma posible, ha manejado administrativa y financieramente el programa del que hemos vivido, evitando que un mal manejo de mi parte, lo llevara a la quiebra.

¿CÓMO DEFINIR DOBLE PLAY?

La mezcla, lo hace único. Doble Play es un programa en el que además de deportes, se discuten precios del mercado, temas de telenovelas, situaciones políticas, asuntos cotidianos, y hasta expongo mis problemas personales mostrándome de cuerpo entero, entrando sin pedir permiso a la casa de los oyentes, sintiéndome como parte de la familia. Además me funciona como estímulo, como bálsamo, como exigencia, como correctivo, como compromiso. Doble Play me envió a otra dimensión en lo referente a mi relación con la gente.

Entre otros compañeros de batería conté con Agustín Cedeño. Era apenas un chavalo, como Enrique y como casi todos, pero excelente trabajador, interesado en progresar y establecerse, lo que consiguió más pronto de lo previsto. Trabajé con Edgar Rodríguez, saliendo de la Escuela de Periodismo, también compañero en El Nuevo Diario y en La Prensa, un serio analista, muy respetado. Estuvo un buen rato Moisés Avalos, incansable y disciplinado. Contribuyó eficazmente el Dr. Carlos Reyes Sarmiento, también Xavier Araquistain, René Quintana, Martín Ruiz y muchos otros, en tanto, como corresponsales, funcionaron en los primeros años, Rafael Cervantes y Lissette Hernández de León, José Blanco de Chinandega y Armando Hernández de Rivas. Pienso, a mis casi 76 años, que pese a su envejecimiento, Doble Play no se ha desgastado. Sigue latiendo actualización.

La frase “Pónganle sello”, que había escuchado tantas veces en diferentes rincones, me identificó largo tiempo con los oyentes. Algunos creen que es mía, lo cual, aunque no es cierto, no me molesta. Respecto al éxito de Doble Play, nunca dije “Pónganle sello que estamos aquí para quedarnos”, pero ocurrió, asombrándonos nosotros mismos. Ahora Enrique Armas ha crecido y extendido sus alas mientras vuela alto en otros territorios, pero René Pineda y Miguel Mendoza –para mi excepcionales- se han quedado, llegando a completar una excelente llave ampliada con Germán García y Camilo Velásquez.

UN PROGRAMA SIN MÁSCARAS

No sé cual de los miles de programas, ha sido el más alegre o el más satisfactorio, pero si se cual el más doloroso, y fue el que hice en solitario durante dos horas sin pausas, sin llamadas telefónicas, después de la derrota electoral en 1990. Quizás el Doble Play más emotivo. Me referí esencialmente a las fallas cometidas y la forma como se fue perdiendo confianza en la conducción del Frente Sandinista. “Nos sentimos sangrando, pero podemos cerrar esas heridas corrigiendo errores, reagrupándonos, siendo humildes, regresando a los principios colocados a un lado”, dije, recomendando que ese trabajo tenía que comenzar de inmediato, sin perdida de tiempo. Que nuestra militancia, no la de carnet que nunca me interesó, estaba sometida a prueba. Es decir, todavía creía en un enderezamiento. Fue mi último momento de ingenuidad política. Ese programa se lo solicitaron a Guadamuz de la Secretaría del Frente, y fue una suerte que Auxiliadora lo había grabado. Creo que se lo entregó a Emmett Lang.

Un momento de mayúscula emoción, fue cuando realicé una campaña para comprarle una casa en Jinotepe a Pedro Selva, y el objetivo se consiguió con el apoyo requerido después de abrir personalmente los aportes, con unos simbólicos 100 dólares. Súbitamente, a última hora, se presentó un inconveniente: Pedro me informó que estaban cobrando dos mil dólares más para entregar la casa. Me pregunté: ¿Cómo volver a abrir las solicitudes de apoyo si había informado que todo estaba cubierto dando las gracias a los contribuyentes? Sencillamente no podía hacer eso, pero algo tenía que hacer. Fue entonces que llamé al Ing. Antonio Lacayo, Ministro de la Presidencia ya fallecido, y él me los facilitó por parte del gobierno, resolviendo el problema. Hasta hoy, Doble Play es el único programa de deportes que ha facilitado con el esfuerzo de sus patrocinadores y amigos, una casa a un atleta del nivel de nuestro Salón de la Fama. ¡Por supuesto que es una gran satisfacción!

Lo que más me impresiona, es cuando muchos jóvenes, algunos ya casados en compañía de sus parejas, y también gente mayor, me detienen en cualquier parte para agradecerme algunas orientaciones, que usualmente me doy a mi mismo, sobre como combatir nuestras deficiencias, como debe ser el comportamiento como hijos y padres, como hacer prevalecer el respeto por el otro, como atreverse a realizar enfoques desde la butaca de un prójimo común sobre la cada vez más distorsionada política casera, y como manejar críticas sobre los abusos y la terrible descomposición de la sociedad. Siempre hay interés cuando recomiendo la lectura de ciertos libros y hablo de autores conocidos. Hay momentos en que pienso que Doble Play interesa más por otros temas, que por los deportivos.

¿Cuánto tiempo más? Imposible saberlo, aunque a mi larga edad es obvio que el futuro está recortado drásticamente, pero no el de René y Miguel, cada día mejores, mucho menos el de Germán quien está creciendo con el ADN de Doble Play, y el de Camilo. Ellos podrían seguir haciendo el programa manteniéndolo con vida, así se muevan a otras emisoras y utilizando otro nombre. Doble Play los estará persiguiendo siempre. Pueden ponerle sello, aunque no sé, pese a los milagros de la tecnología, si podré escucharlos en el más allá.

OJO.-Esta nota, fue ligeramente modificada del libro “Yo Vago”